‘Muro de pago’, el ser o no ser del periodismo en Internet

Los modelos de negocio de InfoLibre y El Huffington Post

El periodismo ya no es lo que era. O sí lo es, pero ya no le llega de la misma forma a las personas. Hay muchas maneras de interpretar los cambios que en los últimos años vienen alterando a ritmo de vértigo el ecosistema de los medios de comunicación. Y uno de los enfoques que suele destacar en todos los análisis es el del modelo de negocio.

Precisamente para debatir este aspecto en el contexto concreto del entorno digital se reunieron el pasado jueves representantes destacados de dos de los medios surgidos recientemente en España: Jesús Maraña, director editorial de InfoLibre, y Guillermo Rodríguez, subdirector de la versión española de El Huffington Post, que dirige la periodista Montserrat Domínguez. El encuentro formaba parte del programa de la XX Semana de la Comunicación, organizada por la Universidad Europea de Madrid, y fue moderado por la profesora Alana Moceri.

Jesús Maraña y Alana Moceri

Jesús Maraña y Alana Moceri

El debate que sostuvieron Maraña y Rodríguez sirvió para constatar lo evidente: que hay tantas formas de hacer y ofrecer periodismo como públicos a los que dirigirlo. Nada nuevo, en definitiva, porque diferentes formatos periodísticos con diferentes objetivos los ha habido siempre. Ni siquiera es nuevo, ni propio del entorno digital, el dilema que surge a la hora de decidir si se cobra o no por los contenidos, factor definitorio del modelo de negocio. Como Internet, la radio y la televisión son plataformas que históricamente han ofrecido información (o comunicación) de forma ‘gratuita’ a los usuarios, pero ¿acaso no existen desde hace años canales de pago que no se emiten en abierto?

En cualquier caso, el debate sobre el cobro de los contenidos en Internet viene de muy lejos. Existe prácticamente desde el desembarco de las grandes cabeceras en el entorno digital. Ahora se acentúa, porque en plena crisis mediática no dejan de aparecer nuevos medios que, unos más que otros, y con diferentes modelos de negocio, parecen ser viables.

Alana Moceri y Guillermo Rodríguez

Alana Moceri y Guillermo Rodríguez

El debate del jueves sirvió precisamente para contrastar las características de los dos modelos. InfoLibre es un medio fundado y dirigido por periodistas, que cobra por muchos de sus contenidos y que tiene una versión que se edita una vez al mes en papel (TintaLibre). El Huffington Post es exclusivamente digital, totalmente gratuito y apuesta por unos contenidos mucho más populares, basados en buena medida en la opinión y el entretenimiento.

InfoLibre, el concepto romántico del periodismo

Portada de InfoLibre

Portada de InfoLibre del domingo 30 de marzo de 2014

Inspirado en el proyecto francés Mediapart (dirigido por el exdirector de Le Monde Edwy Plenel), InfoLibre defiende, por decirlo de alguna manera, una idea romántica del periodismo como vía para cambiar el mundo. Un periodismo independiente que, según afirmó Jesús Maraña, “hace más falta que nunca” en un contexto en el que “los grandes medios tradicionales están viviendo un proceso muy complicado, condicionados por un endeudamiento que les hace estar en manos de los acreedores”. “Queramos o no”, añadió; “eso condiciona la información, las líneas editoriales, el análisis…”.

Aun reconociendo la viabilidad de otras apuestas que se lo juegan todo a la carta de la publicidad, Maraña cree que esto sería imposible en el caso particular de InfoLibre. Por eso defendió la necesidad de concienciar a los lectores de que la información de calidad tiene un precio: “La información independiente tiene un valor y necesita unos profesionales y unos recursos. Si apostamos por que el lector le dé un valor a lo que hacemos, tiene que pagar un poquito por ello. Cuesta lo que un cubata al mes”.

Jesús Maraña: “Hay que pagar por un menú informativo que te haga mejor ciudadano”.

Maraña reveló que, un año después de poner el proyecto en marcha, cuentan con cerca de 3.600 socios. Cifró en 10.000 el objetivo para lograr el equilibrio necesario para sostener el proyecto a largo plazo. Esperan alcanzarlos en un año.

El Huffington Post, opinión y entretenimiento

Portada de El Huffington Post

Portada de El Huffington Post, domingo 30 de marzo de 2014

Al otro lado del ‘ring’ se sentaba Guillermo Rodríguez, subdirector de El Huffington Post, la versión española del popular portal estadounidense fundado en 2005 por Arianna Huffington y que en nuestro país cuenta con el sostén de PRISA, editora de El País. Rodríguez reconoció que su propuesta periodística (contenidos de corte ‘light’, a veces sensacionalistas, y mucha opinión a través de sus numerosos blogs) y, por lo tanto, también su modelo de negocio (todo gratuito), tienen poco que ver con los de InfoLibre.

“Nosotros tenemos una casa madre en Estados Unidos que reivindica no cobrar por los contenidos. Sería absurdo, nadie se haría socio del Huffington, sí de Infolibre, son modelos editoriales muy diferentes”, afirmó. “Hacemos otro tipo de contenidos, muy basados en redes sociales, lo que se cuenta en Internet. El Huffington es un medio nacido en, por y para Internet”.

Guillermo Rodríguez: “Nosotros no podemos influir, no marcamos la agenda. Lo que hacemos es publicar noticias que a la gente le interesa leer”

Esa apuesta puramente digital y por contenidos que, como el propio Rodríguez reconoció, “muchas veces no son ni noticias”, les ha llevado a cerrar los últimos meses con unos niveles de tráfico nada despreciables: más de un millón y medio de usuarios únicos solo en España, tal y como destacó recientemente Monteserrat Domínguez. “Para llevar un año y medio es una brutalidad, muchísimo tráfico”, opinó Rodríguez durante el debate; “y no es porque seamos excelentes, que también lo somos, sino porque sabemos detectar qué le está interesando a la gente en ese momento”.

A pesar de esas cifras, el subdirector de El Huffington Post explicó que el medio no es aún rentable por sí solo, y que sobrevive en buena medida gracias a las infraestructuras que le aportan El País y su matriz, que le permiten reducir al mínimo sus costes. Su apuesta, en cualquier caso, es vivir únicamente de la publicidad, por lo que están buscando nuevas vías para explotarla, tratando de integrarla en los contenidos del medio (por ejemplo, mediante el patrocinio de noticias, secciones o blogs).

El dilema de las grandes cabeceras

La irrupción de InfoLibre y El Huffington Post en el panorama mediático español forma parte de una avalancha de nuevas publicaciones surgidas en los últimos años (El Diario, ZoomNews, VozPópuli, JotDown, La Marea, La Información, Te Interesa, SportYou, Don…), precisamente cuando los medios tradicionales tambalean sus anquilosadas estructuras en el fango de una crisis cuyo fin no se aprecia en el horizonte.

Nuevos medios digitales

Algunas de las nuevas cabeceras digitales

Casi todas las grandes cabeceras de la prensa nacional han reducido sus plantillas de forma dramática al tiempo que intentaban ajustar sus productos a las demandas de la era digital. Algunas, como Público o La Gaceta, incluso han sufrido ya el tantas veces vaticinado ‘fin del papel’. Las rotativas, la tinta, los kioskos, aparecen ante muchos como meros vestigios de un sistema caduco en la era de los ‘smartphones’ y las tabletas.

Jesús Maraña: “Ya no tiene sentido el papel concebido como diario de noticias o de información. ‘TintaLibre’ no tiene secciones, son solamente grandes historias con grandes firmas”.

“No es lo mismo adaptar la gran estructura de un periódico a la era digital que uno que nace nuevo. Adaptar por la ‘vía Orbyt’ con los costes que tiene la estructura de El Mundo es muchísimo más complicado que arrancar un medio nuevo, y lo mismo le ocurre a El País”, opinaba Maraña en la Universidad Europea; “uno de los mayores errores que se han cometido es pretender cobrar en el kiosko lo que se ha dado gratis el día anterior”.

Jesús Maraña: “Las tarifas publicitarias  en Internet son de risa y es muy difícil que no lo sigan siendo durante muchos años. La publicidad en Internet todavía no ha conseguido ser eficaz”.

“¿Por qué es tan difícil que una estructura como la de El País se adapte a los ingresos de Internet?”, se preguntaba después; “Porque a día de hoy, y llevamos ya 15 o 20 años con la revolución digital, los últimos datos oficiales de Infoadex indican que los ingresos que obtiene El País por Internet no llegan al 20%. El presente es digital, pero el 80% de sus ingresos no lo son”.

Ahí vuelve a surgir la eterna pregunta: ¿Necesitan los grandes medios optar por el denominado ‘muro de pago’ para sobrevivir en Internet? El País lo hizo a comienzos de la década pasada, una decisión que le hizo perder audiencia y que le costó enmendar cuando volvió al cauce de la gratuidad pocos años después. Ahora es su principal competidor, El Mundo, que ya venía explotando el pago a través de Orbyt, el que ha optado por empezar a cobrar por ver sus contenidos a partir de un determinado número de artículos visualizados en la edición digital.

Guillermo Rodríguez: “Hemos acostumbrado a la gente en Internet desde el primer momento a que todo es gratuito”.

A la espera de ver sus resultados, hay quien rumorea que El País podría seguir sus pasos. Algo que Rodríguez consideraría un error. “El New York Times lo puede hacer, es el mejor periódico del mundo. El Financial Times, el Wall Street Journal…”, consideró el jueves el subdirector de El Huffington Post; “yo dudo, por mucho que en su momento lo dijera Pedro J. Ramírez (exdirector de El Mundo), que El Mundo vaya a ser rentable por el ‘muro de pago’. Me parecería un error que lo implantara El País. La mentalidad del lector es así. ‘Que me cierren El País, ¿qué más me da?’”.

Las redes sociales, aliadas imprescindibles

Si Internet como plataforma supuso una revolución en el mundo de la comunicación, se podría decir que las redes sociales son la revolución dentro de la revolución. La revuelta que terminó de trastocar definitivamente el concepto tradicional de la información y sus flujos.

Con Twitter, con Facebook, con los blogs, los receptores se convirtieron de repente en emisores. Si son testigos de un acontecimiento, ya no necesitan esperar a que un reportero les reclame su testimonio para contarle al mundo lo que han visto. Con las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para grabar y publicar vídeos, pueden incluso mostrarlo por su cuenta.

Además de ser una herramienta potentísima a su servicio, de alguna manera las redes sociales han sido también una cura de humildad para los grandes medios. Con la boca grande siguen reclamando el monopolio de la credibilidad, de su inigualable capacidad para contrastar las informaciones (incluso cuando cada vez es más frecuente que el vértigo de la competencia por las ‘últimas horas’ les arrastre a cometer errores mayúsculos). Con la boca pequeña, sin embargo, se benefician a menudo del tráfico que les proporcionan los vídeos de los ‘periodistas ciudadanos’.

Jesús Maraña en Twitter

Las redes sociales, en cualquier caso, son un aliado imprescindible de los medios a la hora de asentar su proyecto digital. Maraña recordó con humor las incómodas dificultades que sufrió en su día a la hora de poner en marcha su cuenta de Twitter. Hoy es uno de los periodistas españoles más activos en esta red, en la que cuenta con más de 87.000 seguidores.

Esta adaptación a las nuevas tecnologías es muy meritoria. Cualquiera que haya pisado la redacción de un medio tradicional sabe que no son minoría los que ofrecen una resistencia numantina al asedio incontenible de un futuro que hace ya mucho que es presente.

“En Twitter dialogo con la gente, intento aportar informaciones. Me parece una herramienta absolutamente útil”, explicó el director de InfoLibre; “No hay que tener miedo a la técnica. Hemos hecho ya muchas tonterías en el oficio, ha habido demasiada gente que ha intentado seguir manteniendo una forma de ejercer el periodismo que nos ha alejado de la gente”.

Y es que las habilidades necesarias para ejercer el oficio periodístico siguen siendo las mismas de siempre, pero las herramientas que acercan a la gente el producto resultante de su proceso no. “En El Huffington, cualquier periodista tiene que saber manejar muy bien todas las herramientas de Internet”, advirtió Rodríguez; “Nosotros nunca vamos a dar una exclusiva, pero sí que debemos ser los primeros en saber dónde está un vídeo, cómo llegar a un tuit…”.

Las buenas historias siguen ahí

Volviendo a la pregunta inicial, ¿sigue siendo el periodismo lo que era? La respuesta es sí y también no. Los cambios en la tecnología, el consumo y la cultura obligan a adaptar los formatos del periodismo a una nueva realidad. Pero, como dice Ruth Toledano, “el periodismo no muere porque cambien sus canales”. Su esencia es la misma de siempre: contar noticias y, sobre todo, buenas historias. Y las buenas historias, como los buenos discos o las buenas películas, cuestan.

En la vida, en realidad, no hay nada gratis. No lo son la radio ni la televisión, porque para acceder a sus contenidos hay que tener dispositivos receptores, pagar electricidad y comprar los productos de los anunciantes que con nuestro dinero financian después la programación de las emisoras. Tampoco es gratuito nada de lo que obtenemos en Internet (música, cine, información…), como bien saben las grandes operadoras telefónicas.

Jesús Maraña: “Todos pensamos que Internet es gratis. Pero eso no quiere decir que nadie haga negocio con ello. Las grandes operadoras están haciendo un negocio fabuloso con todo lo que los demás hacemos ‘gratis’”.

Con tantas variables en juego, no hay una fórmula mágica par alcanzar el éxito económico en el mercado mediático actual, pero hay algo que está claro: dispuestos a pagar o no, siempre habrá lectores ávidos de descubrir grandes historias a las que hincarles el diente.

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Acerca de Daniel Castresana

Soy periodista, licenciado en la Universidad Complutense de Madrid. También he estudiado el Máster de Periodismo del diario El País. Trabajé tres años en la cadena de televisión CNN+ y uno en El País. En 2013 viví en Guayaquil (Ecuador), donde trabajé en el diario Expreso.

Publicado el 31 marzo, 2014 en Comunicación, Periodismo y Medios, Redes sociales y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 9 comentarios.

  1. Si le prestas atención a sus “fundamentales” InfoLibre tiene fecha de caducidad tras las próximas elecciones. Y fin del romanticismo. No es un modelo de negocio, es solo un vehículo para un discurso determinado, e incluye la adopción de un “muro contra el todo gratis” como parte de esa postura. No hay una base que lo haga rentable, incluso ha eludido los ingresos por publicidad.

  2. Estupendo artículo, muy completo y muy bien ejemplificado. Gracias por compartir.

  3. elenacharameli

    Qué buen artículo Daniel. El contenido unido a las imágenes, menciones y enlaces a información adicional lo hacen muy completo y dinamizan la lectura. Un saludo

  4. Aurora Muñoz

    Yo siempre he pensado que la calidad hay que pagarla. En mi opinión, el futuro de la prensa pasa por un modelo mixto: ediciones digitales con contenido gratuito que recoja la última hora y un reducto de pago con reportajes más trabajados, con tiempo de reposo para darles una vuelta a la perspectiva, ricos en fuentes y mucho más contextualizados y documentados. Estoy segura que hay un tipo de lector, más exquisito, que está dispuesto a pagar por eso.
    Ese contenido de valor es perfectamente empaquetable mensualmente o semanalmente en una revista contundente, con un diseño cuidado, como hacen los de Jot Down. Me parece que aunque la última hora se lea en la red, sigue siendo un placer leer en papel y creo que a un precio razonable puede funcionar. Y si no que se lo digan a Hernán Casciari. Orsai es un ejemplo.
    El Diario y Tinta libre han probado el experimento aquí en España, pero en mi opinión les falta un plus en la presentación.

  5. Muy interesante, muchísimas gracias por compatir. Ay que envidia os tengo a los periodistas y vuestra forma de redactar las cosas… :) Un saludo.

  6. La verdad es que estamos en un momento crucial para el periodismo: todo un punto de inflexión, un cambio radical en su sistema que como mínimo me parece interesante.

    Por una parte creo que, al menos en España, es difícil que un periódico tenga éxito con un modelo de negocio basado en el cobro de una cuota de suscripción, porque no cabe dentro de nuestra cultura del consumo: es un problema que radica en una cuestión cultural, al menos eso creo yo.

    Por otro lado, afortunadamente en internet se abren cada vez más posibilidades de autogestión con nuevos modelos para la financiación de proyectos online, que prescinden de la figura del inversor. Esto a mí me parece todo un logro, porque permite emprender a quien tiene valor y pasión, y no sólo al que tiene recursos. Aquello de “quien no tiene padrino no se bautiza”, afortunadamente parece que a partir de ahora podría quedar atrás, abriendo paso a los buenos periodistas, tengan o no recursos.

    Enhorabuena por el artículo y mucho éxito con tus dilemas!

  7. La verdad es que es un tema complicado. Da la sensación de que los medios tradicionales ni se están sabiendo adaptar al nuevo contexto o de que, simplemente, tenían estructuras difícilmente adaptables. Pero en medio de la crisis han aparecido un montón de nuevos medios muy interesantes, algunos de pago, y parece que viables. Yo, por ejemplo, soy adicto a revistas de fútbol como Panenka o Líbero, y también he pagado de vez en cuando por TintaLibre y otros periódicos o revistas, además de seguir comprando el periódico cuando sé que voy a tener tiempo para leerlo tranquilamente.

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